19 de noviembre de 2013

Las mañanas en Palermo son sinónimo de mercado, así que decidimos que tras el copioso desayuno del B&B Domus dei Cocchieri (incluso, comimos cannoli!) lo mejor era ir a perdernos por alguno de ellos.

La intención era ir al de la Vucciria, pero a las nueve de la mañana ya no quedaba nada… Un palermitano muy amable (los sicilianos son encantadores con los turistas) nos explicó que en Vucciria hay que ir hacia las siete de la mañana, pero que a esas horas todavía (eran las nueve de la mañana de un día laborable!) estaría parado el Mercato Ballarò, ubicado en un montón de callejones al este de la Estación Central.

Todos los adjetivos se me quedan cortos para describir este espectacular mercado. Las paradas de fruta, verdura, pescado o carne son como bodegones al aire libre, aunque lo mejor, sin duda, son los gritos de los vendedores que cada mañana se dejan la voz intentando llamar la atención de la clientela.

No nos engañemos, la ciudad Palermo nos decepcionó bastante, pero Ballarò nos enamoró. No exagero si os digo que el tiempo que pasamos en este mercado fue uno de las más divertidos y alucinantes del viaje. Tuvimos que esquivar gente, motos, triciclos y, incluso, montones de sardinas que nos ponían delante de los morros!

Después de un buen paseo por el mercado (nos estuvimos casi dos horas!), fuimos hacia la Piazza Independenza, justo al lado del Palazzo dei Normanni, punto de salida de los autobuses 309 y 389 que suben hasta Monreale (el billete sencillo de autobús cuesta 1,25 € y se tiene que comprar antes de subir en algún quiosco).

Mentalizaros de que los autobuses de Palermo pasan cuando quieren y si, encima, os encontráis con una manifestación que corta el tráfico de media plaza, mentalizaros de que quizás no pase. Tuvimos que esperar más de una hora para que llegara el 389 y los 15 kilómetros que separan los dos municipios los hicimos como si fuéramos en una lata de sardinas.

Llegar a Monreale desde Palermo (¡toda una aventura!)

Antes de partir había leído por la red que había una disputa entre Palermo y Monreale y que se había cancelado parte del trayecto de autobús, pero como en las paradas estaba señalizado el recorrido completo, confiamos en que el bus nos dejaría ante la Catedral de Monreale. ERROR! No se debe confiar nunca con el transporte público palermitano!

Así pues, el autobús nos dejó a los pies del monte donde está Monreale, a unos cuatro kilómetros de la plaza de la Catedral. Pero, no hay problema, ellos lo tienen todo pensado.

El mismo conductor te informa que justo allí delante hay parado un coche que lo lleva a un hombre que se llama Giuseppe y que él os llevará hasta arriba. Se trata de un taxista pirata que nos acabó encajando a siete turistas alucinados en un pequeño utilitario y que por un euro por cabeza nos dejó en la puerta de la Catedral.

Durante el trayecto, una subida llena de curvas muy cerradas y que cogía a una velocidad escalofriante, nos contó que los taxis oficiales cobran tres euros y nos repartió tarjetas con un teléfono de contacto para que cuando quisiéramos bajar le llamásemos, que él por un euro nos volvía a bajar hasta la parada del autobús. This is Sicilia!

Así pues, después de casi dos horas para conseguir llegar a Monreale, entramos en la Catedral, conocida en todo el mundo por los espectaculares mosaicos que cubren todo su interior. Os recomiendo que os sentéis un rato y vayáis contemplando las escenas bíblicas que están representadas una por una, son una maravilla! La entrada a la Catedral es gratuita, pero si se desea visitar el claustro hay que pagar 6 €.

Nosotros optamos por dar una vuelta por el pueblo y descubrimos que justo detrás del ábside de la Catedral hay un balcón desde donde se puede contemplar toda la ciudad de Palermo. Si tenéis paciencia os podéis entretener a contar las cúpulas de las iglesias, hay una infinidad!

La bajada hasta la parada del autobús es una nueva aventura en el taxi pirata de Giuseppe (creo que pocas veces he sufrido tanto por mi integridad como dentro de ese coche…) y también una nueva espera, ya que el bus para volver al centro de Palermo pasa cuando quiere. Conclusión: si decidís ir hasta Monreale con transporte público, cargaros de paciencia…!

Por la tarde decidimos ir hasta la zona del puerto, pero pronto pusimos punto y final al día porque, aparte de la zona más céntrica, la ciudad no tiene mucho más para ofrecer.

Se nos olvidó completamente visitar la Capilla Palatina, situada en el interior del Palazzo dei Normanni, pero así tenemos la excusa de decir que nos han quedado cosas por ver.

Sinceramente, Palermo no es una de esas ciudades que pondrías en la lista de “imprescindible repetir”, pero si te dejas caer por Sicilia es una buena parada para descubrir las características propias de la Italia más profunda.

El día siguiente comenzaríamos nuestra ruta por la isla visitando los templos de Segesta i Selinunte.