20 de noviembre de 2013

Una vez superada la experiencia por la capital, a primera hora del tercer día recogimos el coche de alquiler para empezar a hacer la ruta circular de ocho días que habíamos planificado para la isla.

Como ya os comentamos, seis días de alquiler en un Fiat Panda con Europcar nos costaron unos 300€. Apenas coger el coche, enseguida comprobamos porque dicen que los sicilianos son un peligro al volante, pero las anécdotas de la carretera dan para un capítulo aparte que ya llegará más adelante.

El templo de Segesta

La primera parada de la ruta que nos habíamos marcado era Segesta, un recinto arqueológico ubicado en el término municipal de Calatafimi, a unos cuatro kilómetros del centro del pueblo.

El aparcamiento para visitar el recinto es gratuito, aunque, a veces, sobre todo durante los meses de verano, cuando hay más afluencia de visitantes, es posible que haya alguien intentando cobrar una tarifa por acceder. Si os topáis con una situación así en cualquier punto de la isla, la solución siempre es decirles que os dejen ver el ticket que deberéis dejar el coche y como no lo tienen os dejarán en paz y lo intentarán con el siguiente.

Al templo se llega a pie desde el punto donde se compran las entradas al recinto (6 €), pero para ir hasta el teatro, situado sobre una colina, es recomendable coger el autobús que te lleva hasta la cima del Monte Barbaro. Sólo son dos kilómetros, pero vale la pena pagar el 1,50 € para ahorrarse una buena subida (a nosotros nos cayó un buen aguacero y no tuvimos más remedio que hacer el camino en autobús).

Eso sí, si tenéis tiempo y la meteorología acompaña, el camino de vuelta es muy recomendable hacerlo a pie porque las perspectivas del templo son espectaculares. Por suerte, cuando nos tocaba descender nos salió el sol y pudimos aprovechar el camino para hacer muy buenas fotos.

El yacimiento arqueológico de Selinunte

Una vez descubiertos todos los rincones de Segesta, nos dirigimos hacia el sur de la isla para visitar el yacimiento arqueológico de Selinunte. Para llegar hay que tomar la salida de Castelvetrano hacia la A29 y seguir las señales de color marrón durante unos seis kilómetros.

La entrada cuesta 6€ y te da derecho a moverte por las diferentes zonas donde hay restos. Y es que Selinunte es uno de los parques arqueológicos más grandes del Mediterráneo.

El yacimiento se divide en la acrópolis (la parte más interesante para visitar ya que es la que mejor conservada está), la ciudad antigua, los templos del este y el santuario de Malophorus.

Hay dos puertas de acceso y para llegar de una a otra es imprescindible hacerlo en coche, porque la distancia entre una y otra es bastante grande.

Una recomendación si vais a Segesta o Selinunte durante los meses de calor: llevaros agua y algún sombrero para cubriros su cabeza. No hay casi ninguna sombra en ninguno de los dos recintos y aunque nosotros fuimos a finales de noviembre, por Selinunte nos paseamos con manga corta, así que imaginaos el calor que debe de hacer en pleno mes de agosto.

A pesar de este inconveniente, seguro que durante el verano no tendréis tantos problemas como nosotros para encontrar un lugar para comer en la zona. La mayoría de restaurantes y de trattorias del pueblo estaban cerradas o aprovechaban la temporada baja para hacer reformas y tuvimos que terminar comiendo en el restaurante del camping Athena, lo único que encontramos abierto. Para ser Italia, la relación calidad-precio del menú no fue muy buena y nos cobraron 15 € por persona para una comida bastante justita.

No llegamos a Scala dei Turchi

La noche la pasamos en Agrigento y de camino a la ciudad a mí me hacía ilusión parar en la playa conocida como Scala dei Turchi. Está muy cerca de Porto Empedocle (para encontrarla hay que ir en dirección oeste, hacia Realmonte y Capo Rossello) y la característica principal es que está formada por acantilados en forma de escalera de color blanco, de una piedra que se llama marga, que recuerdan a Pamukkale (Turquía).

Aunque sólo era primera hora de la tarde cuando llegamos no pudimos ir hasta los acantilados porque la única manera de acceder es a pie a través de otras playas y a aquellas horas en el mes de noviembre a las cinco de la tarde se ha ido el sol, con lo cual nos tuvimos que conformar viéndolas desde lejos.

Si vais en verano no perdáis la oportunidad de tumbaros un rato en estas rocas blancas.

El alojamiento de Agrigento, el B&B Le Cinque Novelle (Via Giovanni Amendola, 24), fue el mejor de todos los que estuvimos en la isla (55 € la noche con desayuno incluido, reservado a través de Booking).

Además, aprovechamos la tarde para pasear un rato por el pueblo, por un casco antiguo caótico de calles adoquinadas con mucho encanto (ni se os ocurra entrar con el coche, podéis aparcar fácilmente en la zona de la estación de trenes (Piazza Marconi) y en la Piazza Rosselli donde hay aparcamientos de zona azul).

Acabamos cenando por 22 € en la Trattoria Terra&Mare (Piazza Lena, 7), donde nos comimos un antipasto y un par de pizzas espectaculares. 100% recomendable.

El día siguiente nuestra ruta continuó con la visita al Valle de los Templos de Agrigento i los mosaicos de Piazza Armerina, aunque no todo salió como nos hubiera gustado…