29 y 30 de julio de 2014

Después de un día muy y muy intenso recorriendo la playa de Reynisfjara y el Círculo Dorado, sobre las siete de la tarde llegamos a la capital de la isla, Reykjavik. Era nuestra última parada del viaje, ya que al día siguiente a primera hora de la tarde ya volvíamos a casa.

Habíamos leído y nos habían dicho que la ciudad no era nada del otro mundo y realmente no nos engañaron. Aparte de la catedral, el lago y un par de calles más comerciales, poco hay para descubrir en Reykjavik.

Hay que decir que nosotros únicamente nos dedicamos a pasear por el centro y que no fuimos a visitar ninguno de los museos que recomendaban en muchas de las guías o los blogs que habíamos leído antes del viaje, pero si realmente sólo estáis en Reykjavik unas horas, como fue nuestro caso, no sufráis, tenéis más que suficiente para haceros una idea de cómo es la ciudad.

La noche la pasamos en la Guesthouse Aurora (Freyjugata, 24). La habíamos reservado previamente a través de Booking y la noche, con el desayuno incluido nos salió por unas 17.700 isk (unos 115 euros). Como hasta ahora, nos encontramos con un alojamiento muy sencillo, pero estaba muy limpio y se debe tener en cuenta que está muy céntrico (a dos minutos andando de la catedral) y que en la zona se puede aparcar sin pagar con facilidad.

Reykjavik

Hallgrímskirkja

La primera parada de nuestro paseo vespertino fue la catedral, conocida como Hallgrímskirkja. Es el edificio más espectacular y singular que se encuentra en la ciudad. S

e terminó de construir en la década de los setenta, aunque a principios de los años 2000 se tuvo que restaurar porque que los materiales con los que se construyó no eran de suficiente calidad y salían muchas grietas.

Su arquitectura imita las formaciones de rocas basálticas que hay en muchos puntos de la isla. Además, su torre se ve desde casi todos los puntos de la ciudad y si os apetece contemplar una buena perspectiva de Reykjavik podéis subiros al campanario. En verano está abierta entre las nueve de la mañana y las seis de la tarde.

Desde la plaza de la catedral sale una de las calles más concurridas de la isla, Skólavördustigur, que llega hasta una bifurcación con la otra calle comercial por excelencia: Laugavegur. En estas encontraréis numerosas tiendas de recuerdos y restaurantes donde poder comer por precios muy variados.

Nosotros terminamos cenando en un restaurante italiano, de nombre Ítalía (muy original como podéis comprobar) (Laugavegur, 11), donde por 45 euros nos comimos una pizza y un plato de pasta muy generosos y de mucha calidad.

Reykjavik

Antes, habíamos ido a pasear hasta la zona del paseo desde donde se ve el fiordo y habíamos entrado en el Harpa, el centro de conciertos y convenciones, un edificio de cristal desde donde se puede contemplar una bonita puesta de sol sobre el puerto.

Además, también es muy recomendable volver al paseo cuando el sol está a punto de esconderse (en nuestro caso esto fue sobre las once y media de la noche) porque los colores del cielo son espectaculares. Un buen punto para contemplar y hacer buenas fotos es junto a la estatua el Viajero del Sol de Jón Gunnar Árnason.

Reykjavik

A la mañana siguiente (el avión no salía hasta primera hora de la tarde), aprovechamos para ir hasta el Puerto Viejo, desde donde salen muchas excursiones para ir a ver ballenas y frailecillos, y también hicimos una vuelta por alrededor del lago Tjörnin que está justo al lado del edificio del Ayuntamiento.

Hacia el mediodía, después de un paseo muy, muy tranquilo (nuestro estado de cansancio era evidente después de todo lo que habíamos estado haciendo los días anteriores), cogimos el coche y fuimos hacia el aeropuerto de Keflavik (hay poco más de media hora de distancia y está muy bien señalizado) desde donde a las 15:45 salía el vuelo de WOW Air Air hacia Barcelona.

Cerrábamos así uno de los mejores viajes que hemos hecho nunca. Eso sí, durante el vuelo de regreso ya surgió la gran pregunta: ¿cuál será el próximo destino?