22 de noviembre de 2013

Un paseo nocturno por Siracusa no fue suficiente, así que, bajo un sol radiante y una temperatura muy agradable para ser finales de noviembre, salimos del B&B Globetrotter con ganas de descubrir nuevos rincones de la isla de Ortigia, el centro neurálgico de Siracusa.

Cada mañana, por la zona de la Vía Trieste y la Vía Trento, hay un mercadillo donde, como es habitual en toda Sicilia, el producto estrella es el pescado. Aunque mucho más pequeño que el Mercato Ballarò de Palermo también tiene ese encanto de los mercados del sur de Italia con vendedores que diariamente se dejan la voz alabando las virtudes de sus productos.

El punto más turístico de Ortigia es, sin embargo, la Piazza del Duomo. La catedral de Siracusa se caracteriza por tener una fachada barroca, pero un interior bastante austero que aprovecha las columnas del antiguo templo de Atenea que había en ese mismo punto. Entrar en la Catedral cuesta 2 €.

Desde allí vale la pena dirigirse hacia la Piazza Archimede, donde está la Fuente de Artemisa, y hacer un recorrido por los callejones estrechos y llenos de balcones repletos de flores. Seguramente el de Siracusa es uno de los cascos antiguos mejor cuidados de toda Sicilia.

Ahora bien, una parada obligatoria antes de irse de Siracusa es el Teatro Griego, uno de los más grandes construidos por los griegos (la cávea tiene 67 filas) y que hoy en día todavía está en uso.

La entrada al recinto cuesta 10 €, aunque hay que tener en cuenta que también permite visitar las canteras de piedra que años atrás se usaban como cárcel (la más conocida es la Orecchio di Dionisio) y la antiguo anfiteatro romano, que está parcialmente excavado en la roca.

Improvisando en Acireale

Nuestra intención, antes de seguir hacia el norte, hacia la zona de Catania, por donde teníamos que pasar la noche, era desviarnos un poco hacia el sur e ir hasta Noto, pero se nos hizo tarde y decidimos tirar hacia Acireale, una pequeña población costera que es un importante centro termal, ya que hay numerosas fuentes de aguas sulfúricas, entre otros encantos (no hay que olvidar que el Etna está muy cerca de esta zona).

Acireale es un clásico pueblo siciliano con mucha vida en verano y muy poca en invierno. A la hora de comer, cuando llegamos nosotros, era un poco ciudad fantasma, sin embargo vale la pena pasear un rato y llegar hasta el mirador que hay junto del mar.

Acireale quedó completamente destruida por un terremoto en 1693, pero la reconstrucción dejó un gran número de monumentos de altísimo valor artístico y arquitectónico.

Durmiendo bajo el Etna

Las siguientes dos noches habíamos planificado pasarlas por la zona de Catania. ¿Por qué dos noches? Uno de los objetivos principales del viaje era subir con el teleférico que te lleva hasta una de las zonas de acceso más elevadas del Etna y como viajábamos en noviembre y éramos conscientes de que no siempre el tiempo acompaña, quisimos quedarnos dos noches en la zona por si alguno de los dos días teníamos suerte.

Finalmente no tuvimos, pero el regalo que nos hizo el Etna fue mucho mejor! (En este artículo os lo desvelo…).

Así pues, valoramos la posibilidad de dormir en Catania, pero no hicimos más que leer que los alojamientos eran muy cutres y que aparcar era un calvario, así que nos decidimos por alojarnos en un B&B situado en un pequeño pueblecito a los pies del Etna.

La elección final fue el B&B Soto Il Vulcano. Es imprescindible llevar GPS para localizarlo o tener un sentido de la orientación increíble! A nosotros nos costó de encontrar, pero una vez allí estuvimos encantadísimos con el trato del matrimonio que lo regenta, con la calidad de las habitaciones y con los desayunos. Qué desayunos!

Además, el centro de Nicolosi está a cinco minutos en coche y allí hay un restaurante, la Osteria Garibaldi (vía Garibaldi, 30) donde hacen unas pizzas con una costra hecha de queso que están para chuparse los dedos! Eso sí, si vais pedid una para cada dos porque, aún así, es casi imposible terminársela! A nosotros la pizza y un entrante nos costó 27€ dos personas.

Nos fuimos a dormir bien llenos, pero sin poder imaginarnos la sorpresa que nos esperaba a la mañana siguiente