24 de noviembre de 2013

Por segundo día consecutivo nos volvimos a despertar a los pies del Etna bajo un sol radiante. En esta ocasión, la primera noticia que tuvimos es que no había habido más actividad volcánica y que el viento se había detenido, por lo que todo hacía indicar que ese día podríamos llegar hasta las calderas del Etna.

Con lo que no contábamos era con la nevada que había caído durant la noche A media carretera de ascenso hacia el Etna, sobre los 1.000 metros, unos carabinieri muy amables no te dejaban seguir si no llevabas cadenas en el coche, de modo que, finalmente, nos quedamos sin poder subir al volcán.

De hecho, nos dijeron que nuevamente el funicular estaba parado, así que por muchas cadenas que hubiéramos llevado tampoco hubiéramos podido llegar hasta donde queríamos Nos tuvimos que conformar con ver la montaña desde la base mientras recordábamos aún emocionados la erupción del día anterior.

En ruta hacia Cefalú, nuestra última parada

Visto pues que poco haríamos por allí, decidimos tomar la carretera y marcharnos hacia Cefalú, la última parada de nuestro viaje por Sicilia.

De camino nos detuvimos en el pueblo de Enna, situado justo al lado de la autopista, pero la gran tormenta que caía en ese momento nos impidió disfrutar de este pueblo ubicado en lo alto de una meseta con unas vistas espectaculares. Las nubes eran tan densas que no nos dejaron ver ni el pueblo de la montaña de enfrente.

Así pues, tras la segunda decepción del día nos fuimos hacia Cefalú, un pueblo de playa muy pequeño y encantador, que cada verano se llena de turistas, y que está situado a los pies de una peculiar montaña llamada La Rocca. Dice la leyenda que esta montaña tiene la forma de la cabeza (céfalo) del pastor Dafnis que se petrificó y que por eso el pueblo se llama así.

La Catedral es el punto de mayor interés de la población. Junto con Monreale es una de las joyas de la isla con un ábside lleno de mosaicos bizantinos.

Ahora bien, otros de los atractivos que ofrece Cefalú es la posibilidad de subir a La Rocca por una larga escalinata (más de 30 minutos de subida), que comienzan a la derecha del Banco di Sicilia en la Piazza Garibaldi, desde donde dicen que las vistas son espectaculares. Nosotros no subimos porque como había llovido mucho y las escaleras no están en muy buen estado nos recomendaron que era mejor no ir para evitar resbalones.

Aparcar en Cefalú en verano puede ser una auténtica pesadilla, pero en temporada baja es bastante sencillo, aunque se debe tener en cuenta que las cuatro calles del centro son peatonales. Las mejores zonas para aparcar son el puerto deportivo o las calles paralelas a la playa.

La noche la pasamos en el B&B A’Jureka (Vía Candeloro, 16), que habíamos reservado a través de Booking con desayuno incluido por 55 €. Seguramente este sería el único B&B del viaje al que no volveríamos, ya que la relación calidad precio era muy baja en comparación con todos los demás donde nos habíamos estado alojando.

Eso sí, lo que sí que acertamos, y mucho, fueron los restaurantes donde comer y cenar en Cefalú. Así pues, os recomendamos que vayáis a Al Vicoletto (vía Madonna degli Angeli, 12) y el Ristorante La Corte dei Golosi (Piazza Duomo, 18). Los dos están muy céntricos, el primero en la calle paralela a la plaza de la catedral y el segundo en la misma plaza y, aunque quizás alguien dirá que están muy destinados a los turistas, por unos precios razonables (menos de 18 € por persona) comimos como los dioses! Altamente recomendables los spaghetti alle vongole de Al Vicoletto y las pizzas de La Corte dei Golosi.

comer en cefalu

El día siguiente era nuestro último día en Sicilia y aprovechamos las últimas horas antes de partir hacia el aeropuerto y devolver el coche para hacer un último paseo por Cefalú después de la ruta de ocho días por Sicilia.
Como ya hemos ido explicando nos quedaron algunas cosas por ver y definitivamente Sicilia es uno de esos lugares donde tienes que volver alguna vez en la vida para seguir descubriendo todo los secretos de esta maravillosa isla del Mediterráneo.