Es el país más pequeño del mundo, con una extensión de sólo 44 hectáreas, pero guarda algunos de los tesoros más preciados y un 7% de su territorio lo ocupa la basílica cristiana más grande del mundo: San Pedro del Vaticano.

Obviamente, la Ciudad del Vaticano es parada obligada cuando uno visita por primera vez Roma y, aunque es pequeña, requiere casi un día entero para conocerla, más o menos, con profundidad. Así pues, hoy os proponemos una ruta para que no os dejéis de visitar ninguno de los imprescindibles de esta pequeña ciudad-estado.

Una buena opción es comenzar la visita a primera hora de la mañana por los Museos Vaticanos, cuando uno todavía está descansado. Hace unas semanas os contábamos en otro artículo cómo entrar en los Museos sin hacer cola, un aspecto clave si se quiere resistir a todas las actividades que tiene uno por delante.

Hay tantos tesoros entre sus paredes y harían falta varios días para poder contemplar todos, así que lo mejor es llegar con una idea básica de qué salas se quieren visitar. La señalización en los Museos es muy buena y el plano que se puede coger en la entrada del recinto ayuda a no perderse entre tantas salas.

Para nosotros los imprescindibles en la última visita fueron: las salas de arte egipcio, las de arte griego y romano y las estancias de Rafael que desembocan en la Capilla Sixtina, el gran tesoro del museo. Hacer este recorrido nos llevó poco más de tres horas, así que ya os podéis imaginar las dimensiones de las que estamos hablando.

Además, es importante tener en cuenta que si se visita el museo en temporada alta es posible que llegar hasta la Capilla Sixtina os cueste bastante, ya que se forma una especie de cola a lo largo de algunas salas y es imposible saltársela.

Plaza de San Pedro

La plaza y la Basílica de San Pedro

Una vez visitados los Museos Vaticanos, la mejor opción es dirigirse hacia la Plaza de San Pedro, rodeada por la inmensa columnata de Bernini y donde está la Basílica. Si viajáis en temporada alta tendréis tiempo de contemplar la plaza durante un buen rato porque deberéis hacer una buena cola para poder pasar el control de seguridad que da acceso a la Basílica. Tened en cuenta, sin embargo, que va avanzando bastante rápidamente: una cola de más tres cuartos de plaza de longitud dura una hora, aproximadamente.

Una vez pasado el control de seguridad tendréis la opción de acceder directamente a la Basílica, la entrada es gratuita, o podréis desviaros hacia la derecha para subir a la cúpula. Si tenéis un día muy soleado no lo dudéis y subid, la vista es espectacular. La entrada puede costar 5 o 7 euros. Os costará 5 euros si decidís subir los 551 escalones a pie, en cambio os costará 7 haciendo un tramo de la subida con ascensor, hasta la base de la cúpula, y subir a pie los últimos 320 escalones. Por la diferencia de precio, mi consejo es que os ahorréis el primer tramo y así llegaréis más frescos para disfrutar del espectáculo final.

El último tramo de ascenso a la cúpula es muy peculiar, ya que la pared está completamente curvada. Por eso es importante ir mirando hacia el suelo mientras se van subiendo los escalones porque si se deja la mirada recta es muy posible que sintáis sensación de mareo ya que uno pierde de referencia el punto de equilibrio. Con esto no os quiero asustar, el ascenso es muy sencillo, pero no sería la primera vez que alguien se marea por no ir mirando al suelo…

Una vez descubiertas todas las perspectivas desde la cúpula, el último paso es entrar en la Basílica donde, entre otras joyas, no debéis dejar de contemplar La Piedad de Miguel Angel, el baldaquino de Bernini o las monumentales tumbas papales que hay repartidas por toda la Basílica y también en las grutas vaticanas.
Si completáis todo este recorrido lo siguiente que necesitareis será una silla donde descansar un buen rato porque, a pesar de ser el país más pequeño del mundo, necesita un montón de horas para visitarlo sin dejar escapar ningún detalle.