Con la idea de aprovechar al máximo los cuatro días de escapada a Porto de principios de enero de 2016, decidimos que una parte del tercer día de viaje la destinaríamos a visitar la ciudad costera de Aveiro.

Nos habían hablado muy bien de ella y, tras descartar Braga y de la excursión a Guimaraes del día anterior, el tercer día de viaje decidimos hacer una excursión a Aveiro, a poco más de una hora de distancia en tren desde Oporto.

La línea de tren que va hasta Aveiro es una de las líneas de cercanías que tiene la ciudad y el tren hay que cogerlo también en la Estación de Sao Bento, ubicada en el centro de la ciudad.

Desde Porto, los trenes hacia Aveiro salen cada 15-20 minutos. Podéis consultar los horarios en la web de Comboios de Portugal. El precio del billete es de 6,80€ ida y vuelta, pero hay que tener en cuenta que en el primer trayecto que realicéis os cobrarán 0,50€ por la tarjeta magnética que se usa como billete, una tarjeta que podréis recargar para cualquier otro trayecto. Nosotros la reaprovechamos del día anterior que habíamos ido a Guimaraes.

Las fiestas de São Gonçalinho en Aveiro

Sin saberlo, llegamos a Aveiro durante el fin de semana en el que uno de los barrios de la ciudad, Beira-Mar, celebra las fiestas en honor a São Gonçalinho (10 de enero), un santo al que popularmente llaman “el niño”.

Sin saber muy bien que significaba todo el alboroto que había por la zona cuando la lluvia daba un momento de tregua, llegamos a una pequeña capilla, la capilla de São Gonçalinho, y asombrados contemplamos como desde arriba de su azotea la gente iba tirando unos dulces que más tarde descubriríamos que se llaman cavacas.

Resulta que la tradición dice que la gente de Aveiro debe subir a la azotea de esta pequeña iglesia y tirar estos dulces como señal de agradecimiento por todo lo bueno que les ha sucedido durante el año. Lo curioso de todo esto, y lo que nos llamó la atención, es que en la plaza numerosas personas esperan con paraguas colocados al revés y salabres de pesca con palos extra largos para “pescar” estos dulces. Había auténticos expertos!

Lo reconocemos, una vez pasada la “sorpresa” inicial ante aquel ritual, decidimos hacer nuestra aquella dicha castellana de allá donde fueres, haz lo que vieres, así que, como llevábamos paraguas, durante un rato decidimos usarlos para “pescar” cavacas, en lugar de para protegernos de la lluvia.

Allí había gente con bolsas de basura de estas industriales llenas hasta arriba! Nosotros, a pesar de nuestra poca práctica, pudimos recoger un par y descubrir que aquellos dulces eran como una especie de panes recubiertos de merengue (bastante espesos, la verdad).

Así pues, aunque el premio no nos acabó de gustar, no podemos negar que pasamos un rato muy divertido. Podéis comprobarlo en el siguiente vídeo…

Un paseo por las callejuelas de Aveiro

Aunque el recuerdo más grato que guardamos de Aveiro son las fiestas deSão Gonçalinho, en realidad habíamos ido para conocer este pueblo que recibe el apodo de la Venecia portuguesa. ¿Por qué? Pues porque hay numerosos canales por donde navegan los llamados moliceiros, unas embarcaciones que recuerdan a las góndolas y que pasean a los turistas. El día no acompañaba mucho para hacer un paseo, pero sabed que los tickets se pueden comprar justo antes de subir o en la oficina de turismo (Rua João Mendonça, 8). Nosotros nos conformamos con contemplar sus coloridas decoraciones que reproducen escenas de todo tipo (románticas, religiosas, satíricas…).

Además, cuando la lluvia nos dio tregua, paseamos por las callejuelas del centro histórico hasta llegar a la Sé de Aveiro, la catedral. Si visitáis esta ciudad durante los meses de verano, se ve que es muy recomendable ir hasta sus playas.

Sinceramente, el pueblo es muy bonito y vale la pena pasar unas cuantas horas descubriendo sus callejuelas y sus canales. A nosotros la lluvia nos aguó un poco el día, pero realmente es una excursión muy recomendable para hacer desde Porto.