Visitar Marrakech y no caer en la tentación de comprar un recuerdo en alguno de sus numerosos zocos es casi imposible. O tienes mucha fuerza de voluntad o el bolsillo muy vacío o será muy difícil no sucumbir a alguna ganga o las dotes vendedoras de los marroquíes.

Pero, las calles laberínticas y tener que regatear precios en todo momento pueden convertir tu experiencia en una especie de pesadilla. Es por ello que, después de nuestra experiencia durante una escapada de tres días a Marrakech, hemos preparado esta guía con consejos para comprar en los zocos de Marrakech y no morir en el intento.

Olvídate del mapa

Los zocos de Marrakech son un laberinto de calles y callejones, sin ningún orden definido y es muy complicado intentar orientarse con un mapa.

Tomad como referencia la plaza Jemaa el-Fna, porque la mayoría de zocos desembocan allí, y si tenéis ganas de salir de los zocos seguid los carteles que hay colgados de los techos y que indican hacia dónde está la plaza. Aún así, debéis saber que algunos carteles os haran dar una vuelta bastante inútil, pero al final acabaréis llegando a Jemaa el-Fna.

Si te desorientas, pregunta a un vendedor

Es posible que en algún momento os desorientéis o estéis buscando algo en concreto y no sepáis como llegar. Lo mejor es pedir indicaciones a un vendedor. En todo momento habrá chicos jóvenes que, si os ven desorientados o consultando un mapa, se ofrecen para guiaros. A cambio buscan una propina y es muy posible que os hagan dar varias vueltas sin sentido antes de llegar al lugar donde queríais ir.

Será difícil que sepas en qué zoco estás

Antes de viajar a Marrakech leí un par de guías y numerosos artículos sobre la ciudad y sus tradicionales zocos. En todas partes explican que se puede visitar el zoco de las alfombras, el de las especies, el de los frutos secos, el de los herreros, etc, etc, etc.

Una vez allí no sabréis en cuál estáis. Al norte de la plaza Jemaa el-Fna está la zona llamada de los zocos centrales, donde hay infinidad de calles llenas de tiendas y tiendas y será imposible que sepáis si es el zoco de los frutos secos, el de las aceitunas… Por ejemplo, entraréis en una calle y tendréis la sensación de haber descubierto el zoco de los herreros, pero giraréis la esquina y ya no verá ni un herrero más.

Es igual. Pasead y dejaros impregnar por los gritos, los ruidos y las motos que una y otra vez estarán a punto de arrollarlos mientras curioseáis sin parar.

Camina por la derecha

Aunque están muy encarados a los turistas, muchos locales pasan cada día por los zocos a hacer sus compras y la circulación de motos, bicicletas y carretillas es casi constante. Para intentar molestarles el mínimo con el paso pausado de turista mirón, caminad siempre por el lado derecho y si puede ser de manera individual, mejor. Así os evitaréis golpes con las motos y las carretillas o tener que parar cada dos segundos para dejarlos pasar.

Compara precios

Esto es muy fácil de decir, pero no tanto de cumplir. Si te hace mucha gracia comprar algún objeto en particular, lo mejor es que compares precios entre tiendas. Evidentemente, las que están más cerca de la plaza suelen tener los precios más caros, pero las diferencias tampoco son tan grandes.

Ahora bien, ¿por qué decimos que es difícil de cumplir? Porque a la que preguntas un precio ellos comienzan a intentar regatear y lo que podía ser una pregunta inocente de 30 segundos se puede acabar convirtiendo en una conversación de minutos y minutos.

Siempre hay que regatear

Como ocurre en la mayoría de países árabes, todo lo que quieras comprar se debe regatear. Él mejor consejo que podemos daros es que os lo toméis con buen humor y con paciencia porque sino, en algún momento, podéis acabar por querer estrangular a alguien.

Ahora bien, a partir de aquí, os dejamos una serie de consejos que esperamos que hagan vuestra experiencia de compra un poco más agradable, aunque, ya os avisamos, nosotros somos nefastos a la hora de regatear.

  • Si estáis cansado o de mal humor dejad la compra para otro día.
  • Aunque tengáis muy claro que es lo que queréis comprar, no mostréis interés directamente por aquel objeto en concreto. Id preguntando precios de diferentes piezas para haceros una idea de lo que le piden y así podéis empezar a pensar cuánto queréis pagar.
  • El precio inicial que os da el vendedor puede no tener nada que ver con el precio real de la pieza. Lo ideal sería que vosotros tuvierais en mente cuánto cree que puede valer aquel objeto, aunque no es tarea fácil.
  • Sed respetuosos. Podéis decirle a los vendedores algunas pegas del producto para justificar la bajada de precio, pero debéis ser cuidadosos para no ofenderle.
  • De manera sutil, podéis decirle que hay muchas tiendas donde podéis encontrar aquel producto y que no tenéis porque comprarle a él.
  • No regateéis un producto que no os guste o no queráis comprar, os cansaréis y es muy posible que lo acabéis comprando. Seguro que un minuto después os preguntaréis qué hacer con aquello.
  • Si el regateo se alarga y el vendedor os ofrece té de menta, aceptadlo. Se considera una ofensa muy grave rechazarlo.
  • No ofrezcáis un precio que no estéis dispuestos a pagar porque se considera de muy mala educación que os aceptan la propuesta y después on marchéis de la tienda.
  • Después de un rato de regateo, si estáis muy convencidos de que el precio que estáis ofreciendo es justo, podéis usar la técnica de simular que os vais de la tienda. Este es, sin embargo, el último recurso, porque una vez usado este comodín difícilmente se podrá bajar más el precio.
  • No perdáis la perspectiva de los precios. Si pasáis un buen rato regateando y el precio que os ofrece el vendedor es de 10 dirhams más de lo estéis ofreciendo vosotros, quedároslo. Al cambio 10 dirhams son 1 euro, así que no vale la pena marcharse enfadado y sin el objeto por 1 euro.

Una vez enumerados todos estos consejos, comentaros que no hay que olvidar que ellos son vendedores. Por mucho que estéis muy convencidos del precio que habéis conseguido, ellos siempre van a ganar. No os venderán nada si pierden dinero. Así que, tened claro, de entrada, que ellos siempre sabrán más que vosotros.

De hecho, nosotros tenemos claro que somos unos regateador nefastos porque todas las compras que hicimos en Marrakech las acordamos en nada. Esto quiere decir que, en seguida, el vendedor vio que, con el precio que le ofrecíamos nosotros, él ya ganaba y, seguramente, más de lo que esperaba.

Así pues, es inevitable que en algún momento u otro te sientas un poco estafado, pero se debe tener en cuenta que los precios son más baratos de lo que serían aquí, por lo que, aunque seguro que pagamos más dinero del que valían los detalles que compramos, en ningún caso tuvimos la sensación de estar pagando un precio desorbitado.

Espero que todos estos consejos os sirvan para hacer un poco más agradable vuestra experiencia en los zocos de Marrakech, donde casi seguro que acabaréis comprando alguna que otra chorrada.

¿Sois buenos regateando? ¿Os agota tener que negociar un precio?