25 de julio de 2014

Sabíamos que el segundo día de viaje sería intenso y muy largo (al igual que este artículo que, seguramente, será uno de los más largos), así que muy pronto por la mañana salimos desde la zona de Akureyri en dirección hacia Húsavík, donde íbamos a hacer una de las cosas que más ilusión nos hacían del viaje: un avistamiento de ballenas.

La cascada Godafoss

cascada Godafoss

Antes de coger el desvío de la carretera principal que va hasta Húsavík (carretera 85), continuamos unos 10 kilómetros más por la Ring Road para ir hasta la cascada Godafoss, la cascada de los dioses. Para llegar hay que caminar unos tres minutos desde el aparcamiento, aunque también existe la opción de dejar el coche en una especie de centro de visitantes donde hay cafetería y baño. Desde este punto el camino a recorrer es de unos 10 minutos y se puede ver la cascada desde la otra orilla, donde suele haber algo menos de gente.

Una vez vista la cascada, que no es de las más grandes de la isla, pero sí resulta muy fotogénica, sobre todo si es de las primeras que ves, seguimos hasta llegar a Húsavík, un pequeño puerto pesquero de casas de colores y montañas al fondo, que lo convierten en uno de los más bonitos del norte de Islandia.

Sin embargo, el municipio es famoso porque durante los meses de verano, en su bahía, conocida como Skjálfandi, pueden alimentarse hasta once especies diferentes de ballenas y delfines. Así pues, nada más llegar nos dirigimos a los puntos de venta de los tickets que te permiten coger un barco y adentrarte en aguas árticas y ver a estos espectaculares animales.

Avistamiento de ballenas en Húsavík

ballenas husavik islandia

Hay varias excursiones disponibles y dos compañías principales que las ofrecen. Una es North Sailing (hay que buscar las banderas amarillas) y la otra es Gentle Giants. Ambas ofrecen salidas de tres horas con unos barcos de madera por 9.280 isk y 9.100 isk por persona (alrededor de unos 60 euros), respectivamente.

Mi consejo es que cuando lleguéis veáis el horario de salida de los barcos y toméis el que más os convenga porque no hay mucha diferencia entre una y otra. La única es que Gentle Giants también ofrece salidas con zodiac, que obviamente son más rápidas y permiten acercarte más a los animales, pero el precio ya son 16.200 isk por cabeza (unos 100 euros).

Además, si tienéis mucho tiempo disponible, North Sailing también ofrece unos tours (que salen menos a menudo) que duran cuatro horas y que te llevan hasta la isla de los frailecillos, que también está dentro de la bahía de Húsavík, pero una poco más alejada. En este caso el precio es de 12.480 isk (unos 80 euros).

Nosotros optamos por la excursión de tres horas de North Sailing y quedamos muy contentos. Puntualmente a las doce salimos desde el puerto y navegamos durante unos treinta minutos hasta que vimos la primera ballena. Aunque en este caso el animal estaba relativamente lejos, es increíble ver cómo se acercan a los barcos y pensar que la siguiente estará justo al lado del tuyo.

A mí también me hacía mucha ilusión ver frailecillos y buena parte del recorrido me lo pasé rebuscado entre el agua. Aunque localicé muchos, como que son muy miedosos, cada vez que el barco se acercaba salían volando, así que no los pudimos ver tanto de cerca como las ballenas.

Hay que tener paciencia, pero si tienes suerte, cada pocos minutos los guías localizan un animal que sale a respirar y se acercan tanto como pueden. Nuestro capitán decidió navegar un buen rato para salir de la zona donde había más naves (al final estuvimos más de tres horas y media de excursión) y acabamos viendo dos ballenas jorobadas (enormes!) que nos pasaron por debajo del barco. La sensación fue increíble!

Además, cuando ya volvíamos hacia el puerto, mientras nos ofrecían un vaso de chocolate caliente y una pasta, vimos un grupo de siete delfines y les estuvimos siguiendo durante un buen rato. Con la climatología tuvimos mucha suerte, porque nos hacía sol y no nos hizo casi nada de aire, pero si cogéis un día nublado o con viento no dudéis en taparos mucho porque el frío puede ser considerable.

cascada Dettifoss

La cascada Dettifoss

Una vez terminada una de las mejores experiencias del viaje, hicimos un bocado rápido en uno de los pequeños bares y restaurantes que hay en el puerto y seguimos por la carretera 85 en dirección a Ásbyrgi, para ir hasta la cascada Dettifoss, la “garganta de los dioses “.

Cuando llegas a la zona, el primer desvío que te encuentras es la carretera F862, que circula por el oeste del parque y sólo es apta para 4×4. Si váis con un utilitario, seguid unos kilómetros más hasta encontrar la 864, que va por el lado este de la cascada.

MUY IMPORTANTE: esta carretera está muy mal cuidada y es posible que paséis un mal rato sufriendo por la integridad de vuestros neumáticos, así que tomároslo con muchísima paciencia! Son 25 kilómetros para llegar hasta la cascada y 28 más para volver a la carretera principal si después vais en dirección sur, como era nuestro caso. Ahora bien, a pesar del sufrimiento por la supervivencia del coche, la cascada os lo compensará todo.

Dettifoss es posiblemente una de las cascadas más espectaculares que veréis en vuestra vida y lo mejor de todo es que puedes acercarte una barbaridad, hasta tocar el agua con las manos (con mucha prudencia, obviamente). Sólo tiene 44 metros de altura, pero cada segundo caen más de 190 metros cúbicos de agua, que hacen que el rocío se vea desde un kilómetro de distancia. El ruido que hace es ensordecedor y ver la cantidad de agua que cae cada segundo te deja sin palabras.

Aunque se nos había hecho bastante tarde, nos quedamos un buen rato contemplando aquella maravilla de la naturaleza.

Un consejo, aunque viajéis con 4×4 y esto os permita llegar a la otra orilla de la cascada, mi recomendación es que vayáis por el lado este (por la carretera 864), ya que puedes acercarte mucho más a la cascada y es bastante más fotogénica desde este punto de vista.

Alojamiento en el lago Myvatn

Una vez superados los más de 50 kilómetros de grava y piedra, nos dirigimos hacia la zona del lago Myvatn, donde teníamos el alojamiento de esa noche, el B&B Skútustaðir Farm House (Skútustaðir, 2b. Myvatnssveit), que habíamos reservado directamente por correo electrónico y que nos salió por 99€ con desayuno incluido.

El entorno del lago es precioso y se pueden hacer numerosas excursiones y actividades, eso sí, hay que tener en cuenta que se le conoce popularmente con el nombre del “lago de los mosquitos”, ya que durante los meses de verano hay muchísimos y pueden ser un poco (muy) molestos.

Aunque sólo pica una de las especies que hay, sobre todo cuando cae el sol, se dejan ver mucho y salir del coche puede ser una auténtica pesadilla porque, además, se sienten atraídos por el dióxido de carbono y suelen concentrarse en la zona de la cara. Así que si os planteáis hacer un paseo por el lago (muy recomendable), compraros un buen sombrero con mosquitera para no desesperaros. La otra opción es salir a primera hora de la mañana cuando hay bastantes menos.

Relax en los Baños Naturales de Myvatn

Para terminar el día, como estábamos bastante cansados, decidimos que lo mejor era ir a bañarnos a los Baños Naturales de Myvatn, que aprovechan la energía geotérmica de la zona para calentar el agua y que son una réplica en pequeño de la Blue Lagoon (Laguna Azul), situada en el suroeste de la isla.

Eso sí, a pesar de ser más pequeños, el efecto es exactamente el mismo y en estos hay mucha menos gente y el precio de la entrada es de 3.500 isk por persona (unos 23 euros), mientras que en la Blue Lagoon es casi el doble, unos 40 euros. Te ofrecen la posibilidad de alquilar toallas por 600 isk (menos de 4 euros).

Así pues, el segundo día de ruta por la isla lo despedimos en remojo dentro de una piscina de agua caliente viendo como el sol de medianoche parecía no querer esconderse nunca.